El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca

117 No son metáforas porque, de muchos modos, se tra- ta de trabajar la tierra y de no disminuir el horizonte de las cosechas. Y aquí no es asunto del lugar en el que nos ubicamos temporalmente, sino de cuán coherente y consecuente es nuestra posición como personas y so- ciedades. Un ejemplo que me parece elocuente para ilustrar este punto es lo ocurrido en Haití, cuando, en 1804, los esclavos expulsaron a los colonizadores franceses con- virtiéndose en el primer país donde se abolió la esclavi- tud y se declaró la independencia. Los haitianos habían luchado en nombre de los mismos ideales con los que en 1789 la sublevación francesa había derrocado a la monarquía. Cuando los rebeldes haitianos les consul- taron si podían participar en su Asamblea Nacional, los revolucionarios franceses respondieron que los derechos del hombre no se extendían a los negros, por la sencilla razón —dijeron— de que no eran ciudadanos. El Conde de Mirabeau, escritor y político revolucio- nario que había intervenido en la redacción de la Decla- ración de los Derechos del Hombre y que incluso había escrito un ensayo en el que decía «el despotismo es una manera de ser horrenda y convulsiva» fue todavía más lejos y mandó decir a los haitianos: «recuerden que al calcular el número de diputados que corresponden pro- porcionalmente a la población de Francia, no tomamos

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