El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca

113 nando! Pero el sueño lo persiguió con tanta tenacidad que al final el hombre se puso en camino. Ya en Praga, vio que el gran puente se encontraba muy bien vigilado, día y noche, por temibles centinelas, así que no se atrevió a buscar el tesoro. Pero, como esta- ba merodeando, un capitán de la guardia se percató de su presencia y le preguntó con severidad qué hacía allí. El viejo maestro, con mucho susto y franca ingenuidad, contó el motivo de su viaje, o sea, su persistente sueño. El oficial estalló de risa y se burló del maestro. — ¡Un sueño!— exclamó—. ¡Pobre hombre! ¿Has lle- vado a cabo tantos esfuerzos solo por un sueño? ¿Qué persona razonable puede creer en un sueño? —Sí— dijo el maestro—, por un sueño. — ¿Y si te dijese— prosiguió el capitán sin dejar de reír—, si te dijese que yo también he tenido un sueño? — ¿Cómo era tu sueño? — ¡Una voz me decía que fuese a Cracovia y que allí encontraría un gran tesoro en la casa de un viejo maes- tro! — ¿En la casa de un maestro? — Sí, de un tal Eisik. La voz decía que el tesoro debía ser descubierto en un polvoriento rincón, donde estaba enterrado, detrás de la estufa. — ¿Eisik, hijo de Jekel?— preguntó el viejo. — ¿Lo conoces?— preguntó el capitán.

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