El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca
112 blos habita aún una visión tesonera desde la cual cons- truir los porvenires que demandamos. En este sentido, como remarcamos siempre, el libro bien puede ser un talismán prodigioso que ayude a al- macigar el mañana, pero no basta si no se acompaña de legítimos procesos que respondan a las urgencias de cada contexto y de políticas públicas que prioricen la forja de ciudadanos ilustrados, incorruptibles, compro- metidos e identificados plenamente con su cultura y con su tierra. La contienda principal, quizá, no está en no saber leer y escribir las palabras, sino en no saber descifrar ni delinear las posibilidades. Porque podemos leer mucho sin comprender nada, como podemos escribir bastante, pero falseando todo. De manera que una cosa puede ser un educado ignorante y otra, muy distinta, un analfa- beto sabio. Comparto, como para afianzar estas búsquedas, un antiguo cuento jasídico que habla sobre el viejo y piado- so maestro Eisik, de Cracovia. Este Eisik, hijo de Jekel, tuvo un sueño que le ordenó dirigirse a Praga. Allí, bajo el gran puente que conducía al castillo real, le decía el sueño, descubriría un tesoro escondido. El viejo maestro rechazó aquel sueño e intentó olvi- darlo. Imagínense, ¡son más de 400 kilómetros cami-
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