El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
arroyuelo. La cañada era angosta y sus ver- tientes escarpadas; las riberas del arroyo esta- ban cubiertas de espesos árboles, principal- mente nogales y castaños, y entre ellos cre- cían también unas cuantas encinas y unos cuantos arces. En verano, la sombra de tanto ramaje, que se juntaba y se enredaba por enci- ma del arroyo, bastaba para crear un cre- púsculo en pleno mediodía. De ahí venía el nombre de Arroyo Umbrío. Pero ahora, desde que el otoño había llegado a aquel lugar ocul- to, todo el oscuro verdor se había convertido en oro, así que el ramaje incendiaba la cañada en vez de darle sombra. Aunque el día hubiese sido nublado, las brillantes hojas amarillas pa- recían conservar entre ellas la luz del sol; y tantas habían caído que el cauce y la orilla del arroyo también estaban sembrados de luz de sol. Así, el rincón umbrío, donde el verano se había refrescado, era ahora el sitio más lleno de sol que pudiera encontrarse. El arroyuelo seguía su camino dorado, dete- niéndose para formar un remanso, en el cual
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