El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

cimas de las colinas más lejanas. Brillaba en cristalina quietud, sin huella de la más ligera brisa en parte alguna de su superficie. Al otro lado de su orilla más lejana Monument Mountain parecía tumbarse en el valle. Eusta- ce la comparó a una inmensa esfinge sin cabe- za, envuelta en un chal acolchado; verdadera- mente, era tan rico y tan diverso el follaje oto- ñal de sus bosques que la imagen del chal no era en modo alguno demasiado exagerada te- niendo en cuenta la realidad. En el terreno bajo, entre la casa de campo y el lago, los gru- pos de árboles y los linderos del bosque esta- ban llenos de hojas amarillas o castaño oscu- ras, pues allí habían sufrido más con las hela- das que el follaje de las faldas de las monta- ñas. Sobre todo el paisaje brillaba alegre el sol mezclado con una ligerísima neblina que hacía la luz imponderablemente suave y tierna. ¡Oh, qué día de veranillo de san Martín tan hermo- so! Los niños cogieron apresuradamente sus

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