El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
como el más digno de los soberanos, ataviado con un largo manto color púrpura y unas visto- sas calzas amarillas, con una cadena de oro es- pléndidamente labrada alrededor de su cuello, y una corona también de oro en la cabeza. In- tercambió con el rey Ulises los saludos propios de su elevado rango. Y, a partir de entonces, el rey Pico dejó de enorgullecerse vanidosamen- te de su corona y de sus galas reales, portán- dose como un simple servidor de sus súbditos, a los que debía hacer mejores y más felices. En cuanto a los leones, a los tigres y a los lobos (a pesar de que, si se lo hubiera ordenado nuestro héroe, Circe les habría devuelto su forma humana), Ulises consideró más pruden- te que continuaran con su feroz aspecto, pues de ese modo quedaría de manifiesto su cruel naturaleza, y no podrían engañar a nadie con sus disfraces de hombre, fingiendo sentimien- tos compasivos, mientras su corazón estaba tan sediento de sangre como el de las peores bestias salvajes. Así pues, los dejó aullar a gusto y nunca volvió a sentir inquietud por
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