El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

en un lejano país había oído la historia de un toro blanco que llegó nadando a sus costas con una niña cubierta de flores; pero descono- cía el paradero de la niña o del toro. Y Cadmo vio un brillo malicioso en su mirada, que le hizo sospechar que solo estaba de broma y que jamás había tenido la menor no- ticia. El pobre Cadmo se dio cuenta de que era mucho más duro viajar solo que soportando la carga de su querida madre. Debéis compren- der que el dolor que llevaba en su corazón le pesaba tanto que a veces creía imposible poder continuar. Pero sus piernas eran fuertes y ágiles, y estaban acostumbradas al ejercicio. Andaba velozmente, recordando al rey Agenor y a la reina Telefasa, a sus hermanos y al fiel Taso, a quienes había ido dejando por el ca- mino, a lo largo de tan arduo peregrinaje, para no volver a encontrarlos jamás. Y, con la cabe- za llena de tales pensamientos, llegó al pie de una gran montaña que, según le dijeron los

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