El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

sentirse fraternalmente unido a él, como suele ocurrir entre los héroes. -Admirado pueblo -gritó haciendo una reve- rencia ante los pigmeos-, ¡por nada del mundo desearía ofender a una nación tan valiente! Vuestro corazón es tan grande que me maravi- lla ver cómo cabe en ese diminuto cuerpo. Os pido la paz y, para que veáis que no miento, daré cinco pasos hacia delante y, al sexto, habré salido de vuestro reino. ¡Adiós a todos! Andaré con gran cuidado para no aplastar en un descuido a cincuenta de los vuestros. ¡Ja, ja, ja! ¡Jo, jo, jo! Por primera vez, Hércules se reconoce vencido. Algunos autores afirman que Hércules envol- vió a todos los pigmeos en su piel de león y se los llevó a Grecia para que los hijos del rey Eu- risteo jugaran con ellos. Pero esto no es cierto. Pues los dejó a todos en su territorio, donde, según me han contado, aún continúan vivien- do sus descendientes, construyendo diminutas casas, cultivando los campos, dando azotes en

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