El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
ciano y soy la única que le ama. A pesar de lo duro que parece su corazón, sé que este se rompería si me perdiera. Al principio se pon- drá furioso, pero no tardará en perdonarme, pues soy su única hija. Sé que acabará alegrán- dose de que ya no tengan que venir jóvenes atenienses para que los devore el Minotauro. Teseo, te he salvado la vida no solo por ti sino también por mi padre. ¡Adiós! ¡Que el cielo te bendiga! Y sus palabras encerraban una gran verdad y fueron pronunciadas con tanta dulzura y digni- dad que a Teseo le habría avergonzado seguir insistiendo. Solo le restó despedirse cariñosa- mente de Ariadna, subir a bordo y zarpar. Poco tiempo después la blanca espuma pare- cía hervir en la proa, mientras el príncipe y sus compañeros salían del puerto, empujados por un fuerte viento de popa. Y sucedió que Talos, el gigante de bronce, que nunca dejaba de dar vueltas a Creta para vigi- lar sus costas, se acercaba en aquellos mo-
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx