El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
comprobar si este descubría en las facciones del joven algún parecido con sus progenitores. Teseo se mostró de acuerdo, pues había ima- ginado que su padre le reconocería de inme- diato, a causa del amor que albergaba en su corazón. Sin embargo, mientras esperaba en la puerta, los sobrinos se apresuraron a comuni- car al soberano que acababa de llegar a la ciu- dad un joven que tenía intención de asesinarle y usurpar su corona. -Y en este mismo momento espera ser admiti- do ante vuestra presencia -añadieron. -¡Ay! -gritó el anciano rey al escuchar sus pala- bras-. ¡Debe de ser un joven realmente malva- do! Os ruego que me aconsejéis qué hacer con él. Pero fue la perversa Medea quien respondió a su pregunta. Ya sabéis que era una conocida hechicera. Según afirman ciertas historias, tenía la costumbre de hervir a los ancianos en un enorme caldero, haciéndoles creer que, de este modo, les devolvería la juventud; pero su-
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