El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
Era un cuento para niños, pero el estudiante había logrado infundirle el ardor, la generosa esperanza y la imaginación emprendedora de la juventud. -Ahora te perdono, Siempreviva -dijo-, todas las burlas que has pretendiendo hacer a costa de mis cuentos. Una lágrima por muchas risas. -¡Ay, primo Eustace! -respondió Siempreviva limpiándose los ojos y con otra sonrisa mali- ciosa-: esto de ir por encima de las nubes eleva el pensamiento. Te aconsejo que no vuelvas a contar más cuentos si no estás, como ahora, en la cumbre de una montaña. -O cabalgando sobre Pegaso -replicó Eustace, sonriente-. ¿No te parece que he conseguido a las mil maravillas mi propósito de atrapar al corcel maravilloso? -¡Sí, ha sido un bonito salto mortal! -exclamó aplaudiendo-. ¡Me parece que te veo montado sobre él, a tres leguas de altura, por los aires y cabeza abajo!
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