El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
fuerza que la hizo silbar de dolor. Habéis de saber que el Viejo del Mar, aunque generalmente se parecía muchísimo al masca- rón de proa de un barco azotado por las olas, tenía el poder de tomar cualquier forma que se le antojase. Cuando se vio tan fuertemente sujeto por Hércules, tuvo la esperanza de cau- sarle tanto asombro y tanto terror con sus transformaciones mágicas que acabaría sol- tándolo. Si Hércules hubiera aflojado un poco, el Viejo habría ido a hundirse en el fondo del mar, de donde no se hubiera molestado en salir para contestar preguntas impertinentes. Supongo yo que noventa y nueve personas de cada cien se habrían asustado hasta perder la cabeza con la primera de sus horribles trans- formaciones, y habrían echado a correr. Por- que una de las cosas más difíciles en este mundo es comprender la diferencia que hay entre los peligros reales y los imaginarios. Pero, como Hércules lo sujetaba tan terca- mente y no hacía sino estrujarlo más a cada
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