El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

verse tan horribles figuras. Y, además de todo esto, se dio mucho tono por haber limpiado un establo. -¿Y a eso lo llamas hazaña maravillosa? -pre- guntó sonriendo una de las doncellas-. Cual- quier trabajador del campo podría hacerlo. -Si hubiera sido un establo ordinario -replicó el forastero- no lo habría mencionado; pero fue una tarea tan gigantesca que habría tardado la vida entera en acabarla si no se me hubiera ocurrido la feliz idea de meter un río por la puerta, desviándolo de su cauce. ¡Eso conclu- yó el trabajo en muy poco tiempo! Viendo con qué atención lo escuchaban sus hermosas oyentes, les contó luego que había matado unas aves monstruosas y había cogido vivo a un toro bravo y lo había soltado otra vez, y que había domado muchísimos caballos salvajes y vencido a Hipólita, la belicosa reina de las amazonas. Contó también que había co- gido el cinturón encantado que tenía Hipólita y se lo había regalado a la hija de su primo, el

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