El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
sus rizos oscuros. Y entonces, para castigar al primo Eustace por haberles aconsejado que cavasen una cueva tan ruinosa, los niños lo atacaron en masa y lo apedrearon con bolas de nieve, de tal modo que tuvo que salir co- rriendo. Huyó a los bosques, y desde allí a la orilla de Arroyo Umbrío, donde pudo oír el rumor del agua que corría bajo grandes mon- tones de nieve y hielo, que apenas le dejaban ver la luz del día. Había témpanos diamantinos que brillaban alrededor de sus pequeñas cas- cadas. De allí llegó corriendo a la orilla del lago y se encontró con una llanura blanca e intacta, que llegaba hasta el pie de Monument Moun- tain. Y, como ya casi estaba poniéndose el sol, Eustace pensó que nunca había visto espec- táculo más hermoso. Se alegró de que los niños no estuviesen con él, porque su anima- ción y su actividad desaforada habrían disipa- do su estado de ánimo, elevado y grave; así que solo habría estado alegre (como, en efec- to, lo había estado el día entero) pero no ha- bría disfrutado de la suavidad de la puesta de
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