El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
tra otro, y cada uno contra sí mismo. Epimeteo se sentó en un rincón de espaldas a Pandora y Pandora se tiró al suelo y apoyó la cabeza en la caja fatal y abominable. Lloraba y sollozaba como si fuera a rompérsele el cora- zón. De repente oyó un ruidito suave dentro de la caja. -¿Qué será? -preguntó Pandora levantando la cabeza. Pero Epimeteo no había oído el ruido, o esta- ba de demasiado mal humor para darse por enterado; el caso es que no respondió. -¡Qué poco amable eres! -dijo Pandora vol- viendo a sollozar-. Ya no quieres hablar conmi- go. ¡Otra vez el ruido! Sonaba como si los nudillos de una manecita de hada golpeasen ligera- mente, como jugando, el interior de la caja. -¿Quién eres? -preguntó Pandora con un poco
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