El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
mal corazón pasó tiempo y tiempo pensando cuál sería la hazaña de más peligro que un joven pudiera emprender. Cuando, por fin, halló una empresa que prometía tener el fatal resultado que deseaba, mandó llamar a Per- seo. El muchacho fue a palacio y encontró al rey sentado en su trono. -Perseo -dijo el rey Polidectes, sonriendo hipó- critamente-, eres un buen mozo. Tú y tu exce- lente madre habéis recibido muchos favores, tanto míos como de mi hermano el pescador, y supongo que sentirás no poder devolver al- gunos de ellos. -Con permiso de vuestra majestad -respondió Perseo-, con gusto arriesgaría mi vida por lo- grarlo. -Muy bien; entonces -prosiguió el rey, siempre con la sonrisa en los labios-, tengo una aventu- ra de poca monta que proponerte; y, como eres un joven valiente y emprendedor, estoy
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