El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
do, y no se hundió ni zozobró, hasta que, al lle- gar la noche, navegaba tan cerca de una isla que se enredó entre las redes de un pescador y la sacaron con ellas a la costa. La isla se lla- maba Serifo y en ella reinaba el rey Polidectes, que era hermano del pescador que había reco- gido por casualidad en sus redes a los pobres náufragos. Este pescador, felizmente, era hombre justo y compasivo. Trató con gran bondad a Dánae y su hijo, y siguió protegiéndolos hasta que Per- seo llegó a ser un hermoso mancebo, fuerte y activo, y habilísimo en el manejo de las armas. Pero, mucho antes de que esto sucediera, el rey Polidectes había visto a los dos extranje- ros, madre e hijo, que habían llegado en un arca frágil a sus playas. No era Polidectes bueno y amable como su hermano el pesca- dor, sino en extremo malvado, y decidió enviar a Perseo a una empresa peligrosa, en la cual probablemente perdería la vida, y así, quedán- dose la madre sin defensa, podría él causarle algún daño grande. Con este fin, aquel rey de
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