El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

Al día siguiente de su llegada cayó una gran nevada. Hasta entonces el invierno parecía ha- berse retrasado y nos había dado muchos días tibios, que eran como sonrisas en su rostro arrugado. La hierba seguía siendo verde en los sitios resguardados, como los escondrijos de las laderas que miraban al sur y a lo largo de las cercas de piedra que no dejaban pasar el frío viento. Aún no hacía un par de semanas que los niños habían encontrado un diente de león en flor en la orilla de Arroyo Umbrío, pre- cisamente a la salida de la cañada. Pero ya no había hierba ni flores. ¡Qué neva- da! Si la vista alcanzara tanto, entre las venta- nas de Tanglewood y los montes Taconic, entre los remolinos de copos se habrían podi- do ver treinta kilómetros de tierra nevada. Las montañas parecían gigantes que se entretu- vieron tirándose unos a otros monstruosos pu- ñados de nieve. Tan espesos caían los copos que hasta los ár- boles que estaban a mitad de camino, valle

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