El imperio inka

que conforman el territorio del pueblo, que son definidos por patrones de variación microambiental, se les asigna agua consecutivamente en una secuencia fija basada en el orden de siembra y maduración de la cosecha. Durante cada ciclo del sistema, el agua pasa por todos los sectores actualmente en producción, alcanzando cada parcela antes de comenzar de nuevo. En segundo lugar, los campos en cada sector reciben agua de la misma manera en un rígido orden continuo, comenzando en el centro del sector y moviéndose sistemáticamente hacia arriba, de tal manera que el tiempo en el que reciben agua depende únicamente de su ubicación, en lugar de quien posee la tierra, o las cosechas específicas que se han plantado (Trawick, 2002, pp. 40, 41). En el presente contexto debe ser resaltado que, en épocas de sequía,

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