El imperio inka

debían por ende replicarse a lo largo de sus dominios. Los Incas resolvieron estos problemas asignando recursos específicos y el personal necesario para trabajar en ellos, provincia por provincia, bajo la supervisión de gobernadores y élites subordinadas. Las instalaciones estatales cumplieron importantes funciones económicas dentro de todo este proceso (Morris, 1972; Hyslop, 1990). Allí se realizaba la mayor parte de la producción artesanal, ya sea por trabajadores dedicados como los aqllakuna o por mano de obra rotativa. Proveían también el sustento de los trabajadores itinerantes, como militares o viajeros en representación del Estado, en cuanto almacenaban bienes comestibles en sus masivas instalaciones. Por el lado recíproco, los centros

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