El imperio inka
inusual en estas comunidades. A cambio de su liderazgo, estas élites disfrutaban el derecho de que otros trabajaran sus tierras y pastorearan su ganado, así como el acceso a cierta artesanía (Murra, 1980[1956]). Además de sus relaciones de parentesco, el ayllu estaba unido por una serie de obligaciones mutuas, por lo que las relaciones económicas conllevaban un componente moral esencial (ver Trawick, 2001). Entre la población general, el trabajo de tareas como la agricultura y el mantenimiento de los canales era dividido entre los miembros del grupo. Esta reciprocidad balanceada recibía el nombre de waje waje , y se basaba en el principio de que los hogares de estatus similar intercambiarían servicios esperando un retorno
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