El imperio inka

luego de una serie de escaramuzas, pero también realizaron alianzas con algunos de ellos mediante lazos matrimoniales estratégicos, sin descartar faccionalismos que habrían surgido entre los mismos invasores. Habiendo sido estos un grupo minoritario, no es difícil imaginar un escenario en el que, en el lapso de dos o tres generaciones a lo sumo, desprovistos de toda retroalimentación idiomática, se habrían visto obligados a dejar su lengua a favor del aimara, comenzando por sus descendientes inmediatos, que adquirirían el idioma de los pueblos sojuzgados en las faldas de sus progenitoras. De esta manera, desaparecida la lengua de la minoría invasora, solo habría quedado el recuerdo de ella, reducida a ciertos giros y expresiones formulaicas, desde

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