El imperio inka

Ahora bien, por un lado, desde el punto de vista idiomático, no obstante que el puquina había sido reconocido por la autoridad virreinal como «lengua general» (Toledo [1575] 1989, pp. 97- 100), no parece que su gramática haya sido «reducida en arte» ni que su léxico fuera recogido y almacenado, como en el caso de las otras lenguas, incluso menores como la mochica. Todo indica que en este punto prevaleció el pragmatismo de los evangelizadores, quienes, en vista del bilingüismo mayoritario de los puquinahablantes, prefirieron ahorrarse el trabajo de preparar gramáticas y vocabularios de la lengua, y a lo sumo nos dejaron algunos textos pastorales calcados de plantillas previamente redactadas en quechua y aimara. De otro lado, desde la vertiente

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx