El imperio inka

quechua, no debe sorprender la poca o nula importancia que se le dio a su cultura y a su lengua. Es más, debido a su coterritorialidad con el pueblo uro, sobre todo en las riberas y las islas del «mar interior», su idioma resultó siendo confundido con el de los pobladores lacustres, con ser una entidad completamente ajena, desprovista de toda relación que no sea la estrictamente geográfica y cultural. La sobrevivencia del uro, y en consecuencia la posibilidad de estudiarlo (ver Cerrón-Palomino, 2006, Cerrón-Palomino & Ballón Aguirre, 2011), constituye la mejor garantía del deslinde idiomático mencionado, tal como se había esforzado en demostrarlo hace más de una centuria don José Toribio Polo (1901).

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