El imperio inka
vasallos descubrieron en el inca un poder que mediaba entre el mundo de los dioses y el de los seres humanos (ver Kaulicke en este libro, quien ha sugerido lo mismo basándose en la crónica de Betanzos). De hecho, en la obra de diversos cronistas se puede advertir que se creía que los reyes incas tenían un carácter divino. Para la gente común, el rey era un ser sacro e intocable ( the sacred king ), rodeado de múltiples tabús. Según el cronista Pedro Pizarro, todo lo que la persona del rey inca tocaba, sus vestidos y los huesos que dejaba después de comer, era guardado en una caja apartada de todo el mundo, y debía ser quemado periódicamente. Cuando el rey viajaba, lo hacía en andas para que su cuerpo sagrado nunca tocara el suelo,
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