El imperio inka
entrelazada a la ciudad imperial de Cuzco, se desvinculaba poco a poco de la antigua capital, diseminándose a lo largo del territorio andino, donde fue recibida por un amplio espectro de personas y dotada de nuevos significados. Incluso en Cuzco, bastión de la historia incaica, es posible observar cómo los personajes no incaicos buscaron invadir esa historicidad. En 1685, una petición que acusaba a un indio no inca de un acto escandaloso se presentó por los incas nobles de la genealogía inca que moraban en las ocho parroquias de Cuzco. Según los testimonios presentados por testigos del incidente, este indio llamado don Francisco Uclucana había emborrachado a los descendientes incas y les había exigido a que le dieran permiso de
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