El imperio inka

de la rebeldía incaica que se habían refugiado en la vertiente oriental de los andes. En 1572, logró por fin apresar a Túpac Amaru I, último inca de Vilcabamba, y lo degolló finalmente en la Plaza Mayor de Cuzco (Hemming, 1970). Eso no fue todo. Hemos de recordar que entre los descendientes de los incas había quienes anhelaban que se les concediesen las insignias heráldicas de parte de Carlos V; nos referimos a aquellos que cooperaron con docilidad al régimen español siempre que les conviniera a sus intereses. El virrey Toledo, que aborrecía la existencia incluso de esos nobles incaicos más obedientes, decidió que algunos de ellos debían ser exiliados de forma permanente al virreinato de la Nueva

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