El imperio inka
manifestaciones de la naturaleza y acción divinas, de modo que la reverencia hacia la naturaleza aproximaba las verdades más elevadas de la revelación. Para Valera y Garcilaso, el culto inca al sol representaba una admirable aprehensión de lo divino dentro de los límites de una cultura sin la Biblia. Creían, por ello, que el catolicismo en América debía desarrollarse dentro de, y no en contra de, la herencia incaica —una política que, de haber sido aceptada por España, hubiera colocado a los descendientes de reyes peruanos entre la más alta nobleza del mundo cristiano—. Una corta monografía jesuita anónima ([1593-97]2011) que defiende con detalles este argumento probablemente proviene de la pluma de Valera. Ecos de su utopía neoplatónica incaica
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