El imperio inka
paisaje, tales como montañas y piedras, habitan un dominio paralelo social a la esfera humana y que los objetos están infundidos de una especie de vitalidad, energía, la fuente de la fuerza vital, transmitida a alguien ( camaquen ) que a la vez puede ser transferida a otros objetos y la wak´a como transmisor de la energía vital (Allen, 1982, 2002; Sillar, 2009). En el valle Calchaquí en los últimos años se ha prestado atención en la constitución ideológica y política de diferentes espacialidades y paisajes pretéritos (Acuto, 1999; Acuto y otros, 2004, 2010; Jacob & Leibowicz, 2011; Leibowicz, 2007; Vitry, 2002) y se ha entendido que es en estos lugares donde se llevaron a cabo determinadas prácticas sociales o se plasmaron ciertas relaciones
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