El imperio inka

2001a, p. 206; véase capítulos 6 y 7 por Covey y D’Altroy en este libro). Asimismo, los imperios (no todos) están gobernados por élites internamente divididas o en tensión (Woolf, 2001, p. 311), pero paradójicamente tolerantes con las élites locales. Al menos ello ocurrió en ciertos casos andinos, seguramente debido a que el propio imperio se sustentaba en los señores locales, con arreglos flexibles, ya que el trabajo (mano de obra) era la principal fuente de riqueza de los incas y dependía de los señores en cada provincia. Otros rasgos que son recurrentes son los ejércitos y el poder militar (Barfield, 2001, p. 32) así como la extracción de tributos (D’Altroy, 2001a, p. 210), el comercio y la reorganización del paisaje

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