El imperio inka
junto con las dataciones de campamentos de caravanas y el registro de patologías vinculadas a la carga en los huesos de miembros inferiores de camélidos revelan que las llamas ya estaban involucradas en el tráfico de larga distancia hacia el 1000 a.C., tal vez antes (Nielsen, 2013; Núñez, 2006). Cabe suponer que algo similar ocurrió en los Andes Centrales. Este temprano uso de los camélidos para el transporte no es sorprendente puesto que, aunque una persona adulta pueda llegar a cargar unos 70 kg (Maville, 1999), un pastor con caravana de llamas puede trasladar fácilmente hasta 350 kg si conduce los animales a tiro (hasta 10 cargueros, figura 16.3) o tres veces esa cantidad si los arrea (figura 16.4). Como en la actualidad, probablemente se empleaba
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