El imperio inka
Altiplano-Puna, como Cinti (Rivera, 2006), Humahuaca (Nielsen, 2001) y Calchaquí (Tarragó, 2000; Williams, 2014). El propio Estado cuzqueño se basó en una estrategia similar durante el PIT, aunque la escala y centralización de su estructura política lo diferencian de las demás comunidades agropastoriles de la época (Bauer y Smit en este volumen; Covey, 2006). En los valles bajos, el pastoreo se encontraba claramente subordinado —o incorporado— al programa de trabajo agrícola. Dada la imposibilidad logística de articular las praderas de puna o suni , los cultivos debieron aportar la mayor parte del sustento de los rebaños que, además, aprovechaban la vegetación de sectores particularmente favorables, como las lomas y áreas pantanosas en la
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