El imperio inka

de los núcleos residenciales, donde podrían además ser protegidos en situaciones de conflicto. Dada su elevada productividad, esta estrategia sustentó los mayores conglomerados residenciales del periodo, con tamaños máximos en el orden de millares de habitantes, aunque varían significativamente según el potencial agrícola de cada región. Estos sitios suelen ocupar posiciones defensivas y a menudo se encuentran fortificados, testimonio de la importancia de la guerra en la vida política durante los siglos XIII y XIV. Estrategias mixtas como esta han sido arqueológicamente documentadas en los valles intermontanos de la sierra peruana como el Mantaro (D’Altroy & Hastorf, 2002), así como en los valles y quebradas del flanco oriental del

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