El imperio inka
Echao no quiso dársela y ¡Echao! ¡lo dejó todo Echao! (Echado) Así saben contar. (Toconce, 1984); otra variante es que, «el Inka mandó un hondazo al cerro Echao desde Colana; eso dicen, que la cabeza no está; le voló la cabeza, todo y quedó echao» (Toconce, 1983). Preguntando a un yatiri de Toconce si hay que ofrendar a volcanes y cerros responde: Teniendo fé, claro pues... eran segundos dioses los del Inca, abuelo... como Atahualpa, otros... rey Incas abuelos... Y por eso allí en la punta del cerro tienen unos algarrobos, tienen unas «mesas» ahí, estarán conversando con todo ahí. En todos los cerros hay «mesas» de abuelos. Ahí se sentaban y en esa mesa yo no sé que coquearán, tomarán; así echando coca, ahí, el rey Inca. Entonces, así, quizás tomaban en ese tiempo alcohol, coca (Castro, 1988).
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