El imperio inka
los volcanes regulan el funcionamiento de la tierra, puesto que existen volcanes de fuego (por ejemplo, el Licancaur), de agua (por ejemplo, el San Pedro) y de viento. De estos últimos depende, en gran medida, el que haya tormentas y lluvia (Castro & Martínez, 1996). Aparentemente, el sistema de veneración a las altas cumbres está, de alguna manera, relacionado con el culto de los antepasados en tres niveles de sacralidad ascendente: el nivel más inmediato estaría compuesto por los parientes fallecidos, cuya disposición (por ejemplo, en el actual cementerio de Toconce) guarda cierta relación con la ubicación de los volcanes tutelares que reciben ofrendas y sacrificios durante el ritual fúnebre. El segundo nivel sería el de los «abuelos», «gentiles» o «antiguos»
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