El imperio inka

distintivo de las ceremonias de Qhapaqocha era el perfil de las ofrendas humanas, que debían ser niños y mujeres jóvenes vírgenes y poseedores de un alto canon de belleza (véase Ceruti, 2005b). En este sentido, cabe considerar el papel protagónico de los niños en las ceremonias de Qhapaqocha como un antecedente que contribuye a explicar la importancia de la participación infantil actual en distintos roles religiosos en los Andes, como en el caso de los «niños rezadores» en el mundo aimara, o el fenómeno de la devoción popular a los llamados «angelitos riojanos» (véase Ceruti, 2010). Las fuentes históricas refieren que, durante las ceremonias incaicas de Qhapaqocha, los niños eran sacrificados alternativamente mediante golpes en la

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