El imperio inka

montañas y de los ancestros (véase Ceruti, 2005a). En ocasiones se trataba de jóvenes mujeres elegidas, conocidas en lengua quechua como aqllakuna. Las creencias compartidas por los incas y los pueblos andinos locales concebían al tránsito final de los niños y niñas escogidos como una prolongación de su vida en el mundo de los dioses (véase Ceruti, 2012b, 2012c y 2013d). Las ofrendas asociadas, que incluían calzado y abrigo suplementario, al igual que raciones de comida, miniaturas de vasijas cerámicas y figurinas, estaban simbólicamente destinadas a ser utilizadas por los elegidos en su peregrinar al más allá. Los cuerpos de los niños ofrendados por los incas en las máximas alturas de los Andes se han conservado hasta nuestros días

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