El imperio inka
inocencia, tan universalmente característica de niños y púberes. La creencia general era que después de la qhapaqocha , los niños y niñas se convertían en representantes de la comunidad ante las deidades, pudiendo intervenir en favor de su gente (Hernández Príncipe, 1986, p. 473). Los niños eran habitualmente hijos e hijas de jefes locales o curacas (Betanzos, 1996, p. 78). Por otra parte, existía un complejo sistema de selección, reclusión y redistribución de mujeres elegidas o aqlla que daba cuenta de las jóvenes que terminaban sus días sacrificadas en las cimas de montañas sagradas. Durante algunos años, dichas niñas eran instruidas en el arte del tejido y en la preparación de la chicha , y algunas de ellas eran luego enviadas a las capitales
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