El imperio inka
(capacocha) , elaborados mecanismos religiosos y políticos de control social que constaban de una primera instancia de convergencia en la ciudad capital del Cuzco, de víctimas sacrificiales y ofrendas procedentes de todo el imperio, y de una segunda instancia de redistribución de aquellas mediante desfiles y procesiones, hacia su destino final en los confines de los territorios conquistados por el Tawantinsuyu (véase Duviols, 1976). Niños menores de diez años de ambos sexos y jóvenes mujeres vírgenes eran elegidos por los incas para el sacrificio, porque su inocencia los convertía en candidatos más aceptables para estar cerca de los dioses (véase Ceruti, 2004c); probablemente esta idea de «pureza» o de persona inmaculada alude a la idea de
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