El imperio inka
piedras o huacas), transformando tierras que no eran productivas en fértiles (por ejemplo, construyeron sus características terrazas) y creando una arquitectura que parecía emerger naturalmente del paisaje sagrado (por ejemplo, incorporando afloramientos rocosos en su arquitectura, difuminando de esta forma la línea entre lo natural y lo artificial, como se puede ver en el Torreón en Machu Picchu). También revelan cómo un solo tipo de asentamiento, como la finca real, podía cumplir diferentes funciones, ya sean administrativas, religiosas o personales. En este sentido, nos recuerda que, a pesar de que los investigadores usualmente conciben los asentamientos incaicos como sitios-tipo, debemos siempre recordar que estos eran inherentemente flexibles y podían
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