El imperio inka

recuperaron del exterior de la plataforma los restos del cuerpo de la mujer cuyo cráneo había sido extraído de la tumba en décadas precedentes. Las investigaciones de 1996 revelaron la presencia en el sitio de otras dos víctimas humanas enterradas dentro de la plataforma. Se trataba de cuerpos casi esqueletizados pertenecientes a una niña y un niño, la primera tenía el cráneo deformado intencionalmente por prácticas efectuadas durante su primera infancia (véase Reinhard, 1998). Enterratorios y ofrendas en el volcán Misti Los volcanes activos entrañan peligros que pueden desatarse y causar desgracias y calamidades. Al entrar en erupción siembran devastación y muerte en sus alrededores. Según los cronistas: «Lo que más les admiró y encaminó a mayores desvaríos fue ver que de entre las entrañas heladas de la nieve puesta en las más elevadas cumbres de la sierra se levantasen llamas de vivo fuego y no solo se mostrasen por los aires, sino extenderse sobre la tierra y abrasar los árboles y sementeras» (Cabello de Balboa, 1951, p. 228). Con sus 5822 metros de altura y su forma casi perfectamente cónica, el Misti se destaca como la montaña tutelar de la ciudad de Arequipa, en el sur de Perú. Dicho volcán permanece activo y de su domo emanan continuamente fumarolas de azufre, en recuerdo de las trágicas erupciones que protagonizara durante el reinado de Pachacutec Inca Yupanqui y que dejaron despoblada la campiña que se extiende por sus faldas. La reocupación de la zona debió ser forzada por el inca mediante el traslado de mitimaes, tras la realización de sacrificios y ofrendas de apaciguamiento, por iniciativa del propio emperador (Chávez, 1993, p. 101). El volcán arequipeño fue ascendido por Reinhard y Antonio Beorchia en 1980, oportunidad en la que identificaron un conjunto de ruinas formado por dos rectángulos ceremoniales y dos grandes círculos situados sobre el labio interno del cráter (Beorchia, 1985, pp. 135-143). En 1998 Reinhard dirigió una campaña arqueológica al volcán Misti, junto con Chávez, en la cual participaron un equipo de estudiantes y montañistas locales y Ceruti, en calidad de arqueóloga visitante (véase Ceruti, 2013c). La evidencia arqueológica y las referencias etnohistóricas confluyen armoniosamente para señalar que la ceremonia de Qhapaqocha realizada en la cima del Misti tuvo como propósito el apaciguamiento del volcán. Tras un mes de trabajo de excavación en el interior del cráter activo, descubrimos uno de 531

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