El imperio inka

característico de las ceremonias de Qhapaqocha. Las doncellas del cerro Esmeralda fueron encontradas durante trabajos de construcción de un camino, por miembros de las cuadrillas de vialidad, razón por la que se desconocen detalles acerca del contexto de entierro. Han sido descritas y analizadas por Jorge Checura (1977) y Julio Sanhueza, y más recientemente, por el arqueólogo estadounidense Tomas Besom (2013). Se trata de la momia de una mujer joven, entre 18 y 20 años de edad, y de una niña de aproximadamente 9 años de edad, conservadas por desecación natural. La causa probable de muerte habría sido la estrangulación. Ambos cuerpos fueron depositados en la cumbre principal, a tres metros y medio de profundidad y sufrieron un proceso de momificación por deshidratación natural. Sus rostros estaban cuidadosamente cubiertos por un textil muy fino y llevaban brazaletes de oro y plata. En sus vestuarios y ofrendas tejidas con lana de camélido predominan los colores amarillos y rojos; en menor cantidad el color azul violeta oscuro y los colores naturales de la lana blanca, café oscura y negra; en uno de sus mantos se encontró dispersa una pequeña cantidad de cinabrio bermellón (Checura, 1977). Este autor hace notar que casi todas las prendas tejidas descritas por Garcilaso para los sacrificios de adoración al sol se encuentran en este santuario. Forman parte de las ofrendas diez y nueve ceramios decorados y no decorados (fig. 15.8), entre los que destaca una escudilla bícroma anaranjada, una de estilo Saxamar, platos con asa cinta y decoradas con la cruz inca en su interior. Topos y fragmentos de tubos de «rapé» de plata y la oxidación argentífera en los antebrazos de los dos cuerpos indican la presencia exacta de dos brazaletes de este metal; hay evidencias de más piezas de plata, extraviadas o desintegradas. El cuerpo adulto llevaba una lámina delgada de oro como brazalete. 526

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