De igual importancia, los recipientes emparejados y su uso gozaban de una amplia comprensión y aceptación andina tanto en términos geográficos como históricos. El primer cronista, que contrajo matrimonio con alguien de la familia real de Atahualpa, nos cuenta que este sistema de brindis recíprocos con pares de recipientes era utilizado en todo el Perú para establecer y mantener relaciones de amistad (Betanzos, 1987, pp. 72-73). Dichas relaciones no eran solo personales entre vecinos locales, sino también entre países y grupos étnicos distintos. El intercambio de brindis se hacía entre andinos y sus divinidades, como puede verse en el dibujo que hace Guamán Poma de Ayala del brindis incaico con el Sol (fig. 10.18). La profundidad de tiempo de esta expresión puede observarse en muchas de las esculturas monolíticas del sitio del Horizonte Medio de Tiahuanaco o Tiwanaku. Aunque era una ciudad ceremonial que se encontraba en ruinas en la época de los incas, estos la reclamaban como parte de su propia historia mítica, la consideraban como su lugar de origen (ver el capítulo 17 por Pärssinen) y la veneraban en cuanto había sido creada por Huiracocha, la deidad suprema que dotaba de vida ordenada al mundo. Las esculturas (fig. 10.20) sostienen en una mano un vaso con forma de quero, como si lo ofrecieran a esta poderosa y generadora deidad, que los incas creían había creado las esculturas mismas. 344
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