diseño y la relación de las partes con el todo. Por ejemplo, las imágenes abstractas individuales de la túnica de Dumbarton Oaks (tocapu) que se discutirán más adelante (ver capítulo 11 por Phipps) están organizadas en una grilla que vincula las imágenes individuales (tocapu) con el total del diseño (fig. 10.1). Las piedras en los muros incaicos como el Coricancha (fig. 10.2) fueron encajadas justamente para poder observar la relación entre una y otra piedra; las laderas del accidentado paisaje fueron transformadas en hemisferios visibles que se extendían hacia el aire; y las ciudades y centros rituales se distribuyeron siguiendo un orden sistemático (ver capítulo 12 por Nair y Protzen). Los objetos rituales fueron creados en pares, expresando física y visualmente los grupos de relaciones binarias que resultan centrales a la expresión andina. Por ejemplo, un conjunto de relaciones binarias es una de las primeras cosas que se utilizan para codificar información en el quipu, objeto que utilizaban los incas para sus registros (ver capítulo 9 por Urton). Esto es, las fibras se enrollan en una de dos direcciones, de la misma forma en que los nudos están amarrados ya sea hacia la derecha o izquierda. Los nudos en sí mismos estaban distribuidos a lo largo de la cuerda de manera que la relación proximal entre sí manifestara un orden decimal por el que la información pudiese ser codificada y extraída. ESTILO INCAICO Las formas e imágenes de orden geométrico y numérico son la base de la autorrepresentación incaica y son fácilmente identificables en la planificación de los centros, núcleo arquitectónico de las construcciones incaicas, y en los diseños bidimensionales de textiles y recipientes. Las imágenes y objetos incaicos, por ende, exhibían una uniformidad intencional. No solo es posible reconocer inmediatamente casi toda la planificación y cantería incaica ya sea en Chile, Perú o Ecuador, sino que también hay elementos arquitectónicos distintivos que claramente refuerzan esta impresión. La característica más notable es, una vez más, una forma geométrica, el trapecio, que se usa para marcar la penetración de los sólidos muros de piedra. Las formas trapezoidales son las únicas que se usan tanto para nichos interiores como exteriores, así como para ventanas. Se puede ver magníficos ejemplos de estos nichos y ventanas en las paredes interiores de la Coricancha, Pisac (fig. 10.9) y Machu Picchu (fig. 10.10), así como en la costa de Pachacamac y Tambo Colorado, en los Andes centrales de Huánuco Pampa y hacia el norte en el sitio llamado 326
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