El imperio inka

La figura humana, usualmente femenina, es la más esquemática y menos dinámica de todas. La cabeza suele ser un triángulo invertido en el que simples formas geométricas indican los ojos, nariz y boca. El torso es una forma tubular que representa el vestido (acusa) y chal (lliqlla). Los brazos y piernas son lo más esquemático del conjunto, y consisten simplemente en líneas simples y delgadas, dibujadas como una figura de palitos (fig. 10.6). La figura está erecta con los pies apuntando en cualquier dirección sobre una línea delgada que representa el suelo. Esta figura usualmente se repite varias veces y el patrón repetido genera la sensación de que las figuras están practicando algún tipo de gesto ritual o danza mientras sostienen en alto flores o pájaros. Lo significativo en la representación de los humanos y animales es que el énfasis visual está determinado por la composición. Esto es, lo importante es la disposición de las figuras y no los elementos pictóricos de estas (características, anatomía, color, sombras, etcétera). No hay un intento de narrativa ni se sugiere ninguna ubicación. Es, más bien, la relación de las partes con el todo lo que otorga coherencia a la imagen integral. En este sentido, mientras que las figuras representacionales sí existen, ciertamente no son la condición necesaria ni el interés primario de los dibujos y pinturas en la superficie de las cerámicas incaicas. Lo crucial es la composición del diseño, la que, cuando es dibujada o pintada en una superficie, ya sea de forma figurativa o abstracta, se designa en quechua con el término quilca (González Holguín, 1989, pp. 301, 513; Santo Tomás, 1951, p. 357)42. 322

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