El feminismo : conferencia leída en la Sociedad Geográfica de Lima el 28 de octubre de 1911
-2- te, la noble y justa causa de la mujer, que es la causa del progreso de la humanidad. Confiando en la benevolencia del ilustrado auditorio, paso a dar lec- tura a mi trabajo. EL FEMINISMO En todo el mundo civilizado, lo mismo en la secular Europa, que en la joven América, y que en el regenerado Japón, el movimiento feminista se desarrolla con fuerza incontrastable; mas no con la fuerza horrísona, destructora, inconsciente del terremoto que derrumba en espantoso cata– clismo los pueblos, sino con la fuerza silenciosa de las radiaciones solares, que atraviesan prepotentes los espacios siderales, para inundar y fecun– dar la Tierra: dándole la luz, el calor, la vida misma. Hasta la civilización china, que ha permanecido por tantos siglos estacionada, petrificada, por decirlo así, ha sido conmovida por las co– rrientes universales del Feminismo, y va modificando la triste condición en que desde tiempos remotísimos gemía la infeliz mujer. Pero antes de estudiar detenidamente el Feminismo en sus principios y en su avance real, dirijamos una rápida mirada retrospectiva a la con– dición de la mujer a través de las edades, para ver como su evolución se viene preparando lentamente, como resultante natural del incesante pro– greso de la humanidad. * En las edades primitivas cuando aún la civilización no había crea– do un orden artificial de cosas, la mujer y el hombre eran iguales; así refiere Herodoto, Diodoro de Sicilia y Strabon, que la mujer gozaba de completa independencia, de libertad de acción; con las mismas fuerzas físicas que el varón, concurría con él a la caza y a la guerra, conducía las piraguas, tenía sitio y voz en los consejos que acordaban lo conveniente a la tribu: tal sucedía entre los Galos y los Germanos, y aún en nuestros días se mantiene el mismo régimen en las islas Tongo, de las Marianas; de Adaman, en las tribus de los Seris del golfo de California· los Navaho ' , algunos Esquimales, y otros más. Pero desde que se inició la civilización instituyendo la familia, vemos que la mujer queda subyugada al hombre, relegada a segundo o tercero y hasta último lugar; y aún más, convertida en cosa, en artículo de venta, en servil esclava, sin ningún derecho, sin intervención en la administra-
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