El Estado en la sombra

enviada a los vecinos de Huancavelica y de Ayacucho [12]; o a través del envío de vacunas a zonas afectadas por epidemias [44 y 52]; o con la solicitud de la reactivación de la línea de ferrocarril entre Paita y Piura [72]; entre otras acciones. El caso del departamento de Lambayeque fue especialmente complejo, sobre todo por la falta de liderazgo de sus autoridades, las cuales abandonaron sus responsabilidades ante la llegada de las tropas chilenas en 1880 (Torrico, 2012, p. 22). En efecto, durante el ataque y posterior ocupación de Lambayeque, el prefecto dejó la jurisdicción, al igual que la mayor parte de las autoridades locales, quienes «se dirigieron lo más lejos posible de las fuerzas chilenas, dejando a los principales poblados sin autoridad alguna y sujeta a los desmanes de los bandoleros» (2012, p. 90)96. Manuel Candamo, en su epistolario, refiere a su esposa la situación que se vivió en Lambayeque al desaparecer el prefecto en esas circunstancias: al no haber un representante político con el que los ocupantes chilenos pudieran tratar, «no hubo quien pagara el cupo», y por ello varias casas y edificios fueron incendiados (Puente Candamo & Puente Brunke, 2008, p. 136). El caso de Moquegua fue distinto. En octubre de 1880 llegó a esa ciudad el jefe chileno José de la Cruz Salvo. La población, entre la que había un buen número de inmigrantes italianos, estaba sin autoridades, por lo que uno de los vecinos fue nombrado representante ante los ocupantes chilenos. Estos comunicaron que a la ciudad se le impondría una contribución de cien mil pesos, además de lo cual debía entregar cincuenta reses, veinte quintales de arroz, treinta de harina, diez de azúcar y cinco de café, o su valor en dinero (Kuon, 1979, p. 15). Puesto que la población no podía cubrir dicha cantidad, esta fue reducida a setenta mil pesos. Es ilustrativo el relato que nos ofrece Kuon: Por todas las calles de la ciudad, se movilizaron los grupos de hombres y mujeres encargados de la colecta que se organizó, desprendiéndose el vecindario del dinero disponible, y de sus alhajas todo lo cual se iba depositando en las mesas colocadas en la plaza. Cumplidas las 24 horas del plazo fijado, a las tres de la tarde del día 8 de octubre, Salvo y las fuerzas chilenas ocuparon la ciudad mientras el pueblo atemorizado buscaba refugio en el templo (1979, p. 16). Durante el periodo en el que la Delegación estuvo a cargo de Candamo y Elías, la situación en la ciudad de Moquegua fue bastante inestable, a raíz de lo cual se produjo una serie de desacuerdos entre los vecinos, que reflejaban una notoria crisis de autoridad. Muy reveladora es una carta, del 69

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx