El Estado en la sombra

sencilla, puesto que en las zonas no ocupadas la figura de Piérola tenía gran popularidad, y jefes militares muy importantes —como Cáceres, Montero y Del Solar, que se desempeñaban como jefes político-militares — se opusieron en un principio al gobierno provisorio. Ante este panorama, García Calderón dispuso, entre febrero y marzo de 1881, el envío de emisarios personales a diversos pueblos del interior, con el fin de captar adhesiones. No tuvieron éxito, e incluso varios de ellos fueron detenidos y entregados a las autoridades pierolistas, quienes los juzgaron. En abril el presidente provisorio pensó en medidas más severas. Así, el 6 de abril fuerzas leales a García Calderón iniciaron un fallido levantamiento en Cerro de Pasco contra el gobierno de Piérola60. El 12 del mismo mes se produjo un similar intento en la provincia de Lucanas, igualmente fallido. Ante ello, García Calderón decidió el envío de dos expediciones militares, una a Huaraz —integrada por cuatrocientos hombres— y la otra a Huarochirí —con cien soldados—. Ambas fracasarían (Manrique, 1979, pp. 285-286)61. La expedición enviada a Huaraz fue dirigida por el coronel Isaac Recavarren62 en mayo de 188163, con el objetivo de destituir al prefecto de Áncash, Tadeo Terry, quien se mantenía leal a Piérola. Luego de la ocupación de Lima, Terry había preparado la defensa de Huaraz frente a los chilenos, para lo cual reagrupó a reclutas dispersos que habían llegado desde Lima. Ante el arribo de la expedición encabezada por Recavarren, Terry desmovilizó sus fuerzas, y cuando aquella estuvo ya instalada en Huaraz, las reagrupó y procedió a cercar a las del gobierno provisorio. Según Thurner, la impopularidad del gobierno de García Calderón era tal, que parte de la tropa de Recavarren pasó a integrar las «fuerzas nacionales» de Terry. Esto repercutió en la población, que quedó con la idea de que el gobierno provisorio «parecía provocar más dolor a sus ciudadanos que los aún lejanos chilenos» (2006, pp. 120-122). En cuanto a la expedición que se dirigió a Huarochirí, Cáceres —al recibir noticias de ella— ordenó al subprefecto de esa localidad, Ricardo Bentín64, que tomara acciones. Este preparó una emboscada en Chicla, tras la cual capturó a los integrantes de la expedición. Cuatro de los jefes fueron trasladados a Ayacucho para ser juzgados por Piérola. Los demás oficiales, la tropa y el armamento pasaron a estar a disposición de las fuerzas de Cáceres (Manrique, 1979, pp. 286-287). El hecho de que, en un principio, buena parte de la población hubiera percibido al gobierno provisorio como colaborador de las autoridades 47

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx