El Estado en la sombra

Figura 6. Miguel Iglesias Fuente: Archivo Histórico Riva-Agüero, Instituto Riva-Agüero de la PUCP. Para entonces, Candamo y Elías ya no estaban a cargo de la Delegación del gobierno provisorio en Lima. Habían sido detenidos por las autoridades chilenas y desterrados al país del sur. Sin embargo, sí conocemos la reacción de Candamo ante el grito de Montán. En dos cartas dirigidas a su esposa desde Chile, manifestó su sorpresa y desagrado frente a la actitud de Iglesias, con expresiones muy duras. En la primera de ellas, del 14 de octubre de 1882, afirma que por la prensa chilena se ha enterado del manifiesto de Iglesias y de las acusaciones que hacía a los gobiernos de García Calderón y de Montero: «Me resisto a creer esto, y si fuera verdad, y el hecho fuese serio, habría que perder toda esperanza respecto al Perú» (Puente Candamo & Puente Brunke, 2008, p. 186). Cuatro días después se dirigía nuevamente a su esposa, para manifestarle que «con la más profunda sorpresa, indignación y vergüenza nos hemos impuesto de la conducta de Iglesias». Ante ello, manifestó una visión absolutamente pesimista del Perú, en términos muy duros: De algún tiempo a esta parte están pasando cosas en el Perú que manifiestan una falta de juicio, una falta de espíritu nacional, un desconocimiento de los verdaderos intereses públicos, unas ambiciones tan estúpidas, unos egoísmos tan 39

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