eficaz que el gobierno de Piérola. Luego de que los chilenos desterraran a García Calderón, quedó claro para muchos de sus opositores que los esfuerzos que este había desplegado para conseguir la paz no habían sido fruto de la intervención chilena, y que era real el apoyo norteamericano al Perú. Esto llevó a que aumentara la adhesión dentro del Perú al gobierno provisorio, que más adelante sería presidido por Lizardo Montero. Paralelamente, en octubre de 1881 Lizardo Montero, hasta entonces aliado importante de Piérola, desconoció la autoridad de este y se adhirió al gobierno provisorio, aceptando el cargo de vicepresidente. Por su parte, al mes siguiente, Cáceres desconoció también la autoridad de Piérola, aunque sin reconocer al gobierno provisorio. Anteriormente, a inicios de octubre, el coronel José de la Torre32 había depuesto en Arequipa al pierolista Pedro Alejandrino del Solar33 como jefe político-militar del sur. Con el apoyo norteamericano, el gobierno provisorio iba adquiriendo mayor personería ante la comunidad internacional. Este hecho le fue favorable también para atraer las adhesiones de los anteriores aliados de Piérola (Mc Evoy, 1997, p. 218). Sin embargo, en la práctica el gobierno provisorio careció de la fuerza política necesaria como para ser representativo de todo el país. En este sentido, Piérola desde la sierra había mostrado —como ya hemos señalado — mayor capacidad de convocatoria que García Calderón; esto se evidencia en el hecho de que los jefes político-militares del Norte, Centro y Sur siguieron reconociendo la autoridad del dictador a lo largo de casi todo el año de 1881. Además, las comitivas que enviaba el gobierno provisorio hacia las distintas regiones del país no solían ser reconocidas. Mc Evoy explica que la adhesión de las fuerzas de la sierra a la causa de Piérola no se dio solo porque compartieran un sentimiento anticivilista, sino además porque había una clara identificación con el discurso «populista» del dictador. El apoyo brindado en esa etapa a Piérola por Montero, por Cáceres y por las élites provincianas logró neutralizar la fuerza civilista en varias localidades del interior del país; esto fue especialmente notorio, por ejemplo, en Cerro de Pasco y en Lucanas (1997, pp. 215-216). Este apoyo, traducido en la reunión de la Asamblea de Ayacucho, en julio de 1881, le permitió a Piérola legitimarse en el poder. Ante esa Asamblea renunció a su condición de dictador, tras lo cual fue nombrado presidente del Perú; para ello la Asamblea se amparó en un Reglamento dado por Ramón Castilla en 1855 (Ulloa, 1981, pp. 286-287). Ese gobierno duraría hasta noviembre de 1881. 31
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